No persigas tu sueño

Sí, has leído bien. Por muy paradójico que te resulte, la premisa es clara: no vayas detrás de tu sueño. No lo persigas. Hazme caso, sigue leyendo.

Tranquilo, no pretendo que me creas sin más, así porque si, sin darte una mínima explicación. Todo tiene su razonamiento, y vengo a explicarte el porqué. A desmontarte y desmontarme un poco la paraeta. Sí sí, a mi también. A mi la primera, por supuesto.

Demasiado a menudo las palabras nos condicionan. Condicionan nuestros pensamientos, sin lugar a dudas. Y ésto puede ser muy bueno y muy no-tan-bueno. Pueden actuar como una especie de ‘trampas’ creando pensamientos limitantes o como ‘toboganes’ dejando fluir nuestros pensamientos, que darán paso a nuestras acciones, para llegar a exprimir lo mejor de nosotros mismos.

En este caso vengo a hablaros de esas ‘trampas’ que nos lo impiden y de cómo llegar a esos ‘toboganes’ facilitadores.

Más tarde me diréis si estáis o no de acuerdo, pero yo estoy cansada de escuchar ‘persigue tus sueños’, ‘si vas detrás de ellos, los alcanzarás’, ‘si crees en ellos, se harán realidad’. Sí y no. Pero hoy me decanto más por el NO.

Considero que estas palabras llevan impregnadas, en su esencia, un puñado de medias verdades. Que los sueños no están para seguirlos o perseguirlos. Los sueños no aparecen por arte de magia. Justamente lo bonito de los sueños es que crecen con nosotros porque nosotros crecemos con ellos. Porque nosotros los regamos día a día para que vayan floreciendo a su propio ritmo, a nuestro propio ritmo. Por ello, la idea de ‘perseguir nuestros sueños’ la tacho de completamente errónea. Lo considero una frase hecha, muy común pero poco certera y, como muchas otras, muy limitante, que no deberíamos tomarnos demasiado al pie de la letra. No es más (ni menos) que una falta de respeto a nuestros sueños, a nosotros mismos y a nuestra capacidad propia de construirlos y reconstruirlos.

Por eso hoy te digo que NO, que no vayas detrás de un sueño, no te ciegues en perseguirlo sino que aproveches toda esas energías para tomar las riendas. Ve delante de él, para guiarlo. O en medio, para acompañarlo. Pero nunca jamás detrás. De ser así, se perderá y lo perderás.

Si no lo vas direccionando, por sí mismo no sabrá ir. No sabrá crecer y no tendrá razón de ser. Incluso puede que no sea ni siquiera tu propio sueño sino el de otra persona que se ha equivocado de camino. El tuyo crece dentro de ti. Y de mí. Y de cada uno de nosotros.

Si vas detrás lo llevarás detrás, como una carga, y puede que muchas personas se pongan en medio para ahuyentarte y ahuyentarlo. Para minimizarlo y minimizarte. Sin embargo, si te pones tú delante, espantarás todas aquellas moscas pesadas que se interponen. Lo regarás cada día, lo irás cuidando poco a poco y le ayudarás a ir creciendo en tu interior. De esta manera, créeme que no habrá nadie más poderoso que tú para alcanzarlo.

Recuerda: Hazme caso, aunque solo sea por esta vez, y no, no y persigas tus sueños, cuídalos. No te empeñes en ir detrás, siempre delante, como un VALIENTE, para protegerlos de cualquier bache e indicarles siempre el camino correcto. Aunque tú no lo creas, tu corazón sabrá guiarlos para llegar a lo más alto.

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