Aprender a (des)aprender

Hace más de 10 años alguien que se creía más listo que yo me dijo esa típica frase de que “las matemáticas no eran lo mio” (ni lo iban a ser nunca). Se equivocaba, vaya si se equivocaba. Se equivocaba mucho. Debería saber que ahora disfruto enseñándolas como si fueran pura diversión. Y, por supuesto, me enseñó algo, a no juzgar a mis alumnos por su supuesta capacidad, sino por sus ganas de apostar por aprender, su valentía para enfrentarse a las cosas que consideran aburridas, su emoción al resolver problemas que siempre vieron irresolubles tal y como yo los veía a su edad.

Hace unos 6 años me pasó algo parecido, esta vez con las letras. Alguien me dijo que no valía para ellas, llenando los exámenes de tachones y afirmando que escribía como una niña de primaria a mis 18 años, que nunca un comentario de texto estaría a la altura de mis compañeros. Llegaba a comparar mis exámenes con el resto de alumnos de otras clases para reírse de la supuesta incoherencia de mis palabras. Curiosamente, muchos años atrás, me dijeron todo lo contrario, que tenía mucha imaginación para inventar cuentos y que siguiera haciéndolo.

Y dejé que esa idea creciese poco a poco en mi interior y se convirtiese en parte de mi. Que se convirtiera en limitante y me definiera cada instante que intentaba escribir.

Ahora mismo, soy Educadora y Pedagoga, sé un poco más lo que es enseñar, educar y está muy lejos de lo que hicieron conmigo. Me cortaron las alas y yo me creí que no podía volar. Me limitaron hasta el punto de creerme que estaban en lo cierto pero hoy echo la vista atrás y estoy dispuesta a derribar todas esas mentiras que un día me hicieron débil.

También me dedico a escribir como afición, a colaborar en otros proyectos y a crear el mio propio y sé que es algo que me llena el alma cada día.

Ante todo, he aprendido a no juzgar, nunca nadie merece ser juzgado ni limitado por alguien que no sea sí mismo. Los límites nos los ponemos nosotros dibujando una coraza para protegernos de nuestros miedos, y créeme que no se quitan con la misma facilidad con la que se ponen. Luego cuesta el doble, o el triple, y pesan más, mucho más.

He aprendido que nuestra debilidades no definen quiénes somos, ni siquiera nuestras fortalezas, somos un pack indivisible de emociones, conocimientos, acciones y dudas, somos complejos y ahí reside nuestra particular perfección.

Puede que necesitara de todas estas experiencias para ser la que soy a día de hoy. Para valorar la educación como la valoro. Para intentar ser una buena docente. Para no fiarme de los juicios externos, vengan de donde vengan si solo hacen que ruido. Para odiar el sistema educativo que tenemos que nos compara con piezas de un puzle por completar y nos divide por “conocimientos” en base a notas absurdas que no demuestran nada más que nuestra capacidad memorística.

He entendido que la vida es aprender a desaprender todos esos aprendizajes interiorizados que nos hicieron daño en algún momento de nuestra vida. Desaprender- a tiempo- siempre lo estamos. He aprendido a conocerme a mi misma, mis propios límites y debilidades hasta tal punto de saber autogestionarme en caso de necesitarlo.

Y espero que mi experiencia sirva de ejemplo para muchas personas que se creen inferiores por juicios de valor muy poco a la altura de sus capacidades. Una nota, un profesor, una materia o un tropiezo no define quienes somos, nunca será así. Sólo nosotros podemos encargarnos de eso con conciencia y con perspectiva.

Desaprender lo aprendido, para mejorar lo vivido.

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