Amores tóxicos

Siempre tuve claro que un clavo NO saca otro clavo.

En primer lugar, porque los clavos no deberían entrar tan dentro como para hacernos daño. Pero, en caso de que lo hagan, es cuestión de tiempo. De paciencia. De coger las pinzas y el botiquín e ir sacándolo poco a poco. Y una vez así, curar el hueco que ha dejado.

Si no lo dejas curar, puede que tu cuerpo se sienta completo pero cada uno de los clavos se irán colocando cada vez más dentro. Y eso, tarde o temprano, termina haciendo mella en el interior.

A veces me pregunto cómo he sido capaz de aguantar lo inaguantable.

Cómo he pisado mis principios y sin apenas darme cuenta, los estaba rompiendo en mil pedazos.

Cómo a veces no somos capaces de ver las cosas como son sino como nos las pintan. Y te las pueden pintar de muchos colores pero estar huecas por dentro.

No trato de hacer un drama de esto, ni mucho menos. Los dramas nunca fueron lo mío y ahora no iba a ser menos.

Solo quiero darme las gracias, por todo.

Por aprender a llevar las riendas de mi vida.

Por tener la valentía de gritarlo a los cuatro vientos.

Por soltar y dejar ir todo lo malo para dejar entrar todo lo bueno.

Por estar convencida que la vida siempre se encarga darnos las lecciones adecuadas en los momentos precisos.

Por ser feliz siendo consciente que tropezar es de valientes y admitirlo, mucho más.

Porque estoy segura que sin mis errores nunca me hubiese embarcado en la gran aventura de dejar los miedos atrás, mantener la cabeza siempre en su sitio, el lápiz siempre afilado y la libreta a mano para convertir toda mi vida en un proceso de autoaprendizaje.

En el camino de conocerme tanto a mi misma hasta el punto que ser la persona con la que más me guste hablar.

Porque todos necesitamos conocernos, aceptarnos y criticarnos las veces que sea necesario.

Cada palabra mal usada.
Cada momento desagradable.
Cada tropiezo.
Cada lágrima.

No lo justifico pero sé que todo siempre aporta algo bueno. Y sí, también implica tiempo y demuestra nuestra capacidad de (re)construcción.

Nadie aprende a ser fuerte sin haberse perdido en el fondo del subsuelo.

Nadie aprende a ser valiente hasta que la valentía se convierte en la única opción de supervivencia.

Nadie aprende a vivir sobreviviendo a base de la vida de otros.

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2 comentarios en “Amores tóxicos

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