Querido miedo

Querido miedo,

Fue fácil topar conmigo, ¿verdad?

Yo, que nunca supe despegarme de ti pero siempre supe que debía hacerlo.

Cuando me creí inmensa me hiciste pensar que era débil y así fue como empecé a sentirme pequeña.

Me creí río, mar y océano. E inmediatamente después me animaste a ahogarme en un simple vaso de agua. Es entonces cuando me prometí no volver a navegar nunca.

Fue fácil hacerme creer que la luz no lucía en mi interior y cegarme hasta el punto de pensar que era la oscuridad quien me invadía.

Sin embargo, hoy te dejo atrás, vengo a decirte adiós.

Hoy sé que no hay nada peor que abrazarse al miedo.

A lo seguro.
A lo estable.
A lo común.
A lo constante.

No hay nada que cause mayor miedo que no arriesgarse a salir de su propio refugio.
A que sea el propio miedo quien se apodere de nosotros.
A que forme parte de nuestras vidas.
Y las rija.
Dirija.
Y condicione.
A su antojo.

Y no hay peor miedo.
Que el propio miedo.
Asustándose.
Escondiéndose.
Tan dentro.
Que lo sintamos parte de nosotros mismos y le culpemos de sus desperfectos ocasionados. Todo por caer en el terrible error de dejar de ser dueños de nuestra vida y  elegir ser esclavos de nuestros sueños.

Porque no hay nada peor que abrazarse al miedo a sabiendas de ser el único responsable tu asfixia.

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2 comentarios en “Querido miedo

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